sábado, 13 de diciembre de 2008

Pensamiento de J.R.R Tolkien.1

Política:

Tolkien era un devoto católico romano y su pensamiento religioso y político fue mayoritariamente conservador, en el sentido de favorecer la tradición y la ortodoxia. Fue un instrumento en la conversión de C. S. Lewis del ateísmo al cristianismo, pero se decepcionó cuando Lewis se volvió anglicano, en lugar de católico romano. Tolkien se disgustó profundamente cuando supo que durante la Guerra Civil Española los republicanos estaban destruyendo iglesias y matando a sacerdotes y monjas.

En un momento dado, llegó a pensar que Hitler era menos peligroso que los soviéticos, lo que en realidad fue una opción bastante común en la Inglaterra de su tiempo; incluso parece ser que escribió una carta durante la Crisis de Múnich, en la que manifestaba que creía que los soviéticos eran responsables de los problemas de Europa y que estaban tratando de volver a los británicos y franceses en contra de Hitler, teoría política en boga durante cierto tiempo, auspiciada por el propio gobierno de Chamberlain y que llevó a la tristemente famosa «política de apaciguamiento».

Respecto de las acusaciones de racismo vertidas desde algunos foros contra Tolkien, este tema ha sido una cuestión de debate en términos académicos y no se puede demostrar en modo alguno que lo fuese, pues de hecho, declaraciones efectuadas por el propio Tolkien durante su vida contradicen estas acusaciones; así, manifestó que el anti-semitismo nazi era «pernicioso y no científico», que el «tratamiento según el color» en su lugar de nacimiento en Sudáfrica era espantoso (carta privada a su hijo Christopher durante la Segunda Guerra Mundial), y habló en su contra en una conferencia dictada en la Universidad de Oxford en 1959.

Tolkien, perdió a la mayoría de sus amigos en las trincheras durante la Primera Guerra Mundial, y estaba en contra de la guerra en general, declarando cerca del final de la Segunda Guerra Mundial que los Aliados no eran mejores que los Nazis y que se comportaban como orcos en sus llamados a una completa destrucción de Alemania. Se horrorizó por los bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki, refiriéndose a sus creadores como «lunáticos». Fue también conocido por enojarse para siempre con el nazismo por haber intentado privar a Alemania de su herencia cultural, a la cual había dedicado su vida estudiándola y ayudado a preservarla, al pervertirla hablando de una supremacía racial a la cual él nunca se subscribió. Sus escritos también demostraron un gran respeto hacia la naturaleza, siendo un gran amante y defensor de los árboles y los bosques.

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